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martes, 27 de noviembre de 2012

SAN MARTÍN DE FRÓMISTA (Palencia). Glosas tardías a una restauración III.

Capitel de Frómista con el tema de La Muerte de Clitemnestra o La Expulsión de Adán y Eva del Paraiso. Este capitel fue destruido al parecer por considerarse obscenos los cuerpos desnudos de sus protagonistas. Son perfectamente discernibles las huellas de la piqueta en los rostros de los personajes. Museo Arqueológico Provincial de Palencia.
        
--> Sentir el arte. Explicar el arte. Con el recuerdo de mis visitas veraniegas por las iglesias románicas palentinas se me hacen presente estas dos posibilidades de acercamiento al patrimonio artístico. En ocasiones, al visitar la iglesia de una población con muy pocos habitantes tenía una cierta sensación de intruso, de cazador furtivo, de ladrón de placeres ajenos. Parecía que con el tiempo se había abandonado el templo, que el aparente desuso propiciaba un cierto desorden en su interior, que la parroquia ya no funcionaba como aglutinador de los pocos lugareños que no abandonaban su tierra chica. Muchos pueblos están huérfanos de cura y en otros se celebra misa de higos a brevas. Sin embargo cuando nos acercamos de visita siempre había una guardesa que nos habría la iglesia, o un guardés que nos enseñaba la pila bautismal. Algún ramo de flores fresco, a veces, y marchito las más, indicaban que los devotos pervivían entre esos muros. Las iglesias estaban poco utilizadas. Pero se notaba, el furtivo notaba, que el sentido de pertenencia de algunas personas a ese lugar lo mantenía vivo. No estaba ni abandonado, ni en desuso, solo había decrecido el número de sus usuarios habituales y los visitantes no suplíamos (aún) a los naturales del lugar.  
   
--> San Martín de Tours en Frómista no ha corrido suerte semejante. El enclave siempre ha tenido relevancia en cuanto a población y recursos se refiere, sin olvidar que es un punto muy significativo en el Camino de Santiago. La iglesia del antiguo monasterio, extraordinaria antes y después de la restauración, soporta una concepción arquitectónica de exquisita sencillez tectónica y comedida estructuración simbólica. Pero si su programa arquitectónico es discreto y equilibrado, su programa escultórico es amplio, exuberante y de una calidad pocas veces superada. Noventa y seis capiteles, de tema vegetal y figurativo, situados en el interior y en el exterior del templo desarrollan un completísimo programa iconográfico que se complementa con los trescientos canecillos que soportan las múltiples cornisas.  -->
Capiteles, copia y original, con el tema de La Muerte de Clitemnestra o La Expulsión de Adán y Eva del Paraiso. El tema reproduce los relieves del sarcófago romano de Husillos conservado en el Museo Arqueológico Nacional que resumen la Orestíada de Sófocles en el mimento en que Oreste mata a Clitemnestra mientras las furias acosan al héroe con serpientes en las manos. En térrminos cristianos La Expulsión de Adán y Eva por las fuerzas de la tierra (la serpiente como símbolo telúrico), aunque pueden purificarse en su paso por la tierra (simbolizados en la máscara que vierte el agua pruficadora por su boca). Yo soy la fuente de vida, dirá Cristo. Capiteles en San Martín y en el Museo Arqueológico Provincial de Palencisa.
    La restauración de ese material escultórico también fue revisada con todo detalle. Todos los elementos se desmontaron, limpiaron y almacenaron cuidadosamente. En algunas ocasiones se procedió a la talla de copias intentando reproducir el tema iconográfico que se podía deducir por la información que se tenía incluyendo el propio capitel original. En las zonas rehechas una R en letra capital advierte del cambio. Sin embargo apenas era necesario. Muchos de los sillares nuevos de muros y plementos se confunden con los originales por el paso del siglo transcurrido. En las labores escultóricas las piedras nuevas son fácilmente discernibles. El color les delata y más aún la calidad de la talla. Algunos de estos capiteles originales se conservan en el Museo Arqueológico de Palencia. Pongo juntas las fotografías de original y copia para que se puedan comparar. La restauración escultórica parecía ir por buen camino hasta el momento de volver a situar las piezas en su lugar preciso. No fue posible recolocar cada capitel y cada canecillo en su lugar primigenio. Algunos están trastocados, y aunque se mantenga el discurso general del programa iconográfico, la precisión del mismo, según los estudiosos, se ha perdido quizás para siempre.
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Copia de capitel y original con la escena de varios personajes cabalgando sobre felinos. San Martín de Frómista y Museo Arqueológico Provincial de Palencia.
He llamado copias a los capiteles que se pueden ver en el templo de San Martín. Quizás fuera más adecuado llamarlos explicaciones, o puntos del aparato didáctico que completa el significado de una pieza museística llamada San Martín de Tours en Frómista. Convertir la iglesia en una pieza de museo, y con el tratamiento que ello implica, es lo que ha guiado la actividad de Aníbal Álvarez.
Personaje cabalgando sobre felino simbolizando como los hombres son llevados y dominados por las fieras, símbolos de los vicios. En la parte izquierda de la imagen una fiuera muerde el tobillo del personaje simbolizando los horrores del infierno. Museo Arqueológico Provincial de Palencia.
      En la restauración se ha despojado al templo de todo lo que se sabía no era de la época de su construcción y se ha dejado lo estrictamente original. Estos días presentaba en clase unas imágenes del museo del Louvre en las que un grupo escultórico desarrollaba el tema del Descendimiento, pero en el que no aparecía ni cruz, ni sudario, ni contexto alguno. De forma similar recuerdo que se muestran piezas de armaduras de caballos y caballeros en el Museo de Historia Alemana de Berlín, suspendidos del techo por múltiples hilos de nylon, pero sin las figuras de caballos o caballeros que lo soportasen. Bastantes ejemplos más siguen viniendo a la memoria. Lo que importa: hay una corriente de actuación en los museos que preconiza presentar los objetos museísticos sin recontextualizar (descontextualizados están siempre como bien sabe el lector) intentando presentar el objeto formalmente perfecto, sin ningún elemento de distracción. La arquitectura de San Martín se ha tratado de esta manera. Solo se ha reconstruido lo que era imprescindible para su completa presentación, aunque sepamos por palabras propias de Aníbal Álvarez que intentó “complementar adecuadamente” lo que estaba restaurando. En el apartado escultórico tampoco dejó de completar el programa iconográfico.
Copia y original de capitel de San Martín de Frómista con representación de Pelícanos, tradicional simbología de la figura de Jesucristo. San Martín de Frómista y Museo Arqueológico Provincial de Palencia.
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En resumidas cuentas, desde hace muchos años san Martín de Frómista no acoge a vecinos ni a devotos, solo es visitado por estudiosos, turistas y peregrinos que nunca esbozarán una oración. San Martín es un templo en desuso. Para ser más exacto ha cambiado de uso como todas las piezas de museo. Ahora explica el arte románico en su versión más perfecta tanto escultórica como arquitectónicamente. El que desee sentir el arte (románico en este caso) que se dirija las pueblos en el borde del despoblamiento y, aunque se sienta furtivo, pida la ayuda del guardés de turno que a buen seguro le ayudará.

miércoles, 17 de octubre de 2012

SAN MARTÍN DE FRÓMISTA (Palencia). Glosas tardías a una restauración I

San Martín de Frómista (Palencia). Estado actual del templo. Fachada sur.
La iglesia dedicada a San Martín de Tours en Frómista (Palencia) fue construida en un periodo único de unos quince años poco antes de 1066 por la magnificencia y generosidad de Doña Mayor de Castilla (también conocida por Doña Munia) que fue esposa de Sancho III de Navarra. La iglesia formaba parte de un conjunto mayor, un monasterio, al que se retiró Doña Mayor al enviudar en 1035 y al que legó en su testamento (1066) el barrio de San Martín, cuyo poblamiento había procurado ella misma, así como viñas, tierras, prados, ganados, etc., todo ello para el mantenimiento de clérigos y sirvientes que hicieran preces por su alma a su fallecimiento.
La iglesia, de gran perfección técnica y unidad estilística en los que no vamos a detenernos por conocidos, se inscribe en el reducido grupo de grandes hitos artísticos del camino de Santiago como Jaca, San Isidoro de León y la misma catedral de Santiago de Compostela. No en vano está situada en el mismo centro geográfico del Camino Francés.
Maqueta que reproduce el estado de san Martín antes de 1896. Fachada Sur. Nótese la presencia de la sacristía en la fachada sur del crucero, el tejado sobre las cubiertas y el espacio intermedio, probablemente un palomar, y las construcciones en la fachada oeste, con su torrecilla sur medio destruida.
Los avatares de la iglesia de San Martín comienzan en 1118, fecha en que por testamento de Doña Urraca, biznieta de Doña Mayor, el monasterio de Frómista pasa a depender del de san Zoilo en Carrión de los Condes, convirtiéndose en un priorato, mientas la villa de Frómista depende del obispo de Palencia. Las luchas por los derechos jurisdiccionales y económicos del barrio de San Martín se mantiene durante varios siglos afectando a la iglesia que dejó de tener la importancia de los primeros tiempos. En medio de estas disputas, en 1415, se derruyó una de las torres de campanas a los pies del templo. Hacía casi un centenar de años que los últimos frailes habían abandonado el priorato. Este solo tenía carácter de institución jurídica y a su frente estuvo un prior hasta bien entrado el siglo XIX.
Maqueta que reproduce el estado de san Martín antes de 1896. Cabecera.
Durante los siglos XV a XVIII el edificio de la iglesia sufrió diversas transformaciones e incluso una transformación general del monasterio a mediados del siglo XVIII llevada a cabo por fray Asconso. En este tiempo se construyó una sacristía adosada al testero sur así como diversas capillas en diferentes puntos de las naves laterales. Tampoco faltaron otras construcciones adosadas por el exterior que aprovechaban la estabilidad del edificio primitivo. Entre estas es significativo el tejado a dos aguas sobre las tres naves rematando la siempre indeterminada fachada (originariamente conectaba con el monasterio) y proporcionando el espacio a un palomar. El resultado fue una edificio prácticamente envuelto por otras construcciones que ocultaban la traza original del siglo XII, del que apenas era visible la cabecera.
Maqueta que reproduce el estado de san Martín antes de 1896. Fachada Norte y cabecera. Nótese la torrecilla norte de los pies encerrada por las construcciones adosadas, así como el soportal y el cuerpo de viviendas superior.
Entre los complementos añadidos destaca un segundo cuerpo que se construyó, (siglo XV) sobre el primitivo cimborrio románico. En él se albergó el cuerpo de campanas, probablemente buscando un sustituto adecuado en altura y potencia sonora a la torre destruida años atrás y adecuada para la llamada a una comunidad cercana, el monasterio, y prácticamente inútil para una parroquia abierta a los páramos de los campos de labor. Por suerte se construyó una escalera de servicio por el exterior de la iglesia que mediante una pasarela volada daba acceso a la nueva construcción. El añadido evitó tener que perforar la fábrica original.
A pesar de todos estos elementos enmascaradores, la calidad del edificio era evidente y el 1 de noviembre de 1894 fue declarado Monumento Nacional.
Maqueta que reproduce el estado de san Martín antes de 1896. Fachada Oeste. Las construcciones adosadas ocultan la fachada a los pies de la iglesia, que nunca debió ser muy destacada por conectar de forma directa con el antiguo monasterio.
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Sin embargo también era evidente que el mal mantenimiento del edificio (en las capillas aparecieron goteras nunca reparadas), y el cálculo erróneo del comportamiento del edifico primitivo ante los añadidos, de forma particular el cuerpo de campanas sobre el cimborrio, así como el uso de los terrenos colindantes con la fachada sur como huerta con riegos que afectan la estabilidad de los cimientos, llevan a la iglesia de San Martín de Frómista a un estado de ruina inminente.
El encargado de las obras de restauración fue el arquitecto Aníbal Álvarez que intervino en el templo entre los años 1896 y 1905. Su trabajo sigue levantando polémicas pasados 100 años. A ese trabajo dedicaremos la próxima entrada en este blog.Mientras hagámonos una idea de cómo estaba el edificio antes de 1896 a través de una maqueta ilustrativa que se expone en el templo.
Para más información véase HERRERO MARCOS, J. y ARROYO PUERTAS, C.: Arquitectura y simbolismo de san Martín de Frómista. Diputación de Palencia, 1995. y la amplísima bibliografía existente al respecto.

miércoles, 3 de octubre de 2012

REBANAL DE LAS LLANTAS

El vicio de la lujuria. Pila Bautismal. Iglesia del Salvador. Rebanal de las Llantas (Palencia).
Rebanal de las Llantas es un pueblo de la montaña palentina situado a 1150 en el inicio del Valle Estrecho y a 13 km de Cervera de Pisuerga. Según las fuentes consultadas la población oscila entre los 8 y 13 habitantes y por lo recóndito del lugar nunca debió tener mucha más población a pesar de la riqueza en hayedos y robledales (proporcionan un espectacular paisaje) cuya madera daba, en tiempos, la materia prima de carpinteros y artesanos, oficios significados en la población.
A pesar de lo escondido del lugar, Rebanal estuvo poblado desde los inicios del segundo milenio necesariamente con bastante mayor población que en la actualidad pues fueron capaces de costear una iglesia, quizás muy pequeña de la que no se conserva nada, la actual es del siglo XVI, y una pila bautismal con un programa iconográfico de interés por su aparente  inadecuación realizado en un medio relieve de calidad relevante en alguna de sus zonas.
La pila bautismal, fechada a finales del sigo XII, realizada en piedra arenisca, con forma semicircular, de 52 x 90 cms, presenta una sucesión de escenas sin cortes de separación, a modo de friso corrido.
La Paz y la Tregua de Dios (detalle). Pila Bautismal. Iglesia del Salvador. Rebanal de las Llantas (Palencia).
La primera escena esta dedicada al vicio de la lujuria. Se presenta a una mujer cuyos pechos son mordidos por dos serpientes que parecen ser amamantadas por ella. Una de las serpientes se enrosca entre las piernas y brazos de otra mujer que utiliza sus manos para ocultar su sexo y su pecho. Una tercera serpiente colgada desde lo alto parece dirigirse a las dos mujeres que soportan el suplicio con los ojos entornados y la boca cerrada. Es evidente el sentido moralizante, para algunos necesariamente de castigo, de la representación.
Siguiendo a la derecha, la escena siguiente representa a dos jinetes con lanza y cota de mallas enfrentados y con una dama en medio que sujeta la espada de uno y la lanza de otro. Es un tema bastante desarrollado en el románico: se trata de la representación de la Paz y la Tregua de Dios.
Escena amatoria. Pila Bautismal. Iglesia del Salvador. Rebanal de las Llantas (Palencia).
La escena que sigue está formada por cuatro personajes. Los dos centrales, son una pareja abrazándose, besándose y realizando el coito mientras un hombre, quizás el fiador parece dirigirse a los amantes, mientras en la parte derecha una mujer, con manto toca y barbuquejo, apoya su mano y empuja la espalda de la amante hacia su oponente masculino. El realismo de la escena recuerda capiteles y canillos de la iglesia de Cervatos.
El friso sigue con una escena en la que se presenta a un músico tocando una vihuela con arco acompañado de una bailarina, normalmente interpretada como escena de juglaría, y concluye con dos personajes abrazados, que por la actitud de sus caras en actitud repulsiva más parecen luchar y que se suele identificar como la representación de la discordia. De este tipo de desórdenes protege una mujer a su hijo escondiéndolo con sus manos en su regazo.
La discordia. Pila Bautismal. Iglesia del Salvador. Rebanal de las Llantas (Palencia).

En total dos escenas de disputas resueltas de manera distinta: en una dama protege a un niño con sus manos separándolo de la disputa y en la otra deteniendo a los contendientes. La Iglesia se representa a si misma en su labor mediadora. Dos de las escenas restantes están dedicadas a relatar las alegrías de la vida: la danza y la práctica amorosa. La quinta y última, mujer humillada y torturada en su femeneidad, relata de forma inequívoca el castigo.
Se dice que en la cultura judía está inserto el sentido de la venganza, de la ley del talión. En respuesta a esta actitud la cultura cristiana ha aportado una dicotomía: el perdón, incluso al hijo pródigo, y el castigo irremediable, aunque ya se haya determinado que no existe infierno.
¡Y todo este programa se desarrolla en una pila bautismal!
La aportación de las últimas generacionesconsite en situar la pila en un cubículo de reducidas dimensiones y contra la pared de tal manera que su acceso es imposible para cualquier visitante (no permite apenas su limpieza lo que origina un color de la piedra arenisca muy diferente). Las posibilidades de autofoco de las modernas cámaras han permtido captar "a ciegas" las escenas que se presentan. Doy por supuesto que el lector ha entendido que la escena que se sitúa contra la pared es la de carácter amoroso.

viernes, 28 de septiembre de 2012

COLMENARES DE OJEDA

Escena del bautismo. El padrino, el oficiante y su asistente. Pila bautismal.  Parroquia de Colmenares de Ojeda (Palencia)
Uno de los soportes narrativos más interesantes del mundo románico, son sin lugar a dudas, las pilas bautismales. Organizadas como frisos o como yuxtaposición de escenas permiten desarrollar un relato un poco más largo y complejo que las cestas de  los capiteles.
Entre las existentes en la provincia de Palencia una de las más celebradas es la de la iglesia parroquial de Colmenares de Ojeda. Es el único resto románico que se conserva en el lugar. De un tamaño respetable (84 x 123 cms) fue realizada a finales del siglo XII.
Izq. Las tres Marías y el sepulcro vacío. Dcha. Grifo rampante entre vegetación. Pila bautismal.  Parroquia de Colmenares de Ojeda (Palencia).
El programa iconográfico se organiza  a modo de friso en cuatro escenas dispuestas como un continuo, sin mayor separación que la compositiva. La última escena, en lo que podemos presumir zona posterior de la pila, está dedicada al pasaje de las tres Marías y el sepulcro vacío mostrado por dos ángeles mientras los soldados yacen dormidos en el suelo. En sentido contrario a las ajugas del reloj se muestra la figura de  un grifo rampante entre motivos vegetales. Algunos autores identifican al ser fantástico con los infiernos  y la muerte del alma. A la derecha, siguiendo el sentido de las agujas del reloj, una escena que sigue presentando dudas en su interpretación. En ella dos personajes se abrazan en presencia de un tercero que apoya la mano sobre el hombro de uno de ellos. Algún investigador lo relaciona con la resurrección de Lázaro y otros con el pasaje de los discípulos de Emaús. En ambas interpretaciones se hace referencia a la resurrección. No olvidemos que la parte contrapuesta de la pila está ocupada por la representación de la muerte y el infierno (grifo). El relato concluye, en realidad comienza, con la escena del bautismo en la parte anterior de la pila donde un sacerdote bendice, con los dedos medio e índice extendidos, mientras sumerge, parece a un niño en la pila bautismal. A su derecha el padrino le acompaña, y a su izquierda un asistente llevando la cruz. Más a su izquierda la madrina (con la cabeza cubierta) cierra la escena por esta parte. En la contraria otros dos hombres acompañan a sendos niños que serán los próximos en recibir las aguas bautismales.
Escena de la Resurrección de Lázaro o de Los discípulos de Emaús. Pila bautismal.  Parroquia de Colmenares de Ojeda (Palencia).
En resumen, la representación del bautismo como la puerta que da acceso a la vida (Lázaro o Discípulos de Emaús)  en contraposición a la muerte y la condenación (grifo) o la nada (sepulcro vacío).
La talla de muy alto relieve, casi de bulto redondo, es de una gran calidad, y aunque mantiene ciertos estereotipos arcaizantes (boca en v invertida, ojos almendrados con pupila de trépano) consigue buena expresividad en algunas figuras y rostros y una muy buena variedad narrativa.
El bautizo. Pila bautismal.  Parroquia de Colmenares de Ojeda (Palencia).
Todo esto me lleva a otro tema que me gustaría comentar con mis lectores. La pila bautismal de Colmenares de Ojeda cumple casi todos los requisitos de los objetos que están en los museos para su contemplación por un público más numeroso. En efecto es un objeto raro, aunque no tenga peligro de pérdida, es un objeto de calidad, y sobre todo es un objeto representativo, muy representativo de un momento histórico y un lugar determinado. Desde el punto de vista del patrimonio cultural es un objeto de valor. Sin embargo no es un objeto museable. Tiene una característica que hace inadecuada su musealización: Es un objeto en uso. Es un objeto que lleva 800 años utilizándose en la vida normal de Colmenares de Ojeda. Se sigue utilizando como pila bautismal. Muchos antiguos vecinos de la población que ahora lo son de las ciudades industriales de la costa y de la capital traen a sus hijos a bautizar a su pueblo y en esta pila, aparte de ser cuidada por los lugareños, cuando es necesario con ayuda de las autoridades, y visitada por todo amante del arte y la historia.
Los padrinos llevan a sus ahijados al bautismo. Pila bautismal.  Parroquia de Colmenares de Ojeda (Palencia).

Los museos, centro de la maquinaria el reciclaje cultural, solo guardan objetos representativos de un tiempo y de un lugar cuando estos han perdido su función primigenia. En el museo son reciclados y adaptados a la difusión y contemplación de lo pasado, porque los recicladores (autoridades culturales) los reutilizan para otras funciones tomando posición con ellas. La selección del tiempo hace que los testimonios culturales que sobreviven sean de alta calidad (en parte es una de las razones de su supervivencia) y, por esta razón, los museos suelen albergar objetos de alta calidad, característica que llega a identificar a la propia institución museística, cayendo sin querer en una perversión: los objetos que alberga un museo son siempre de alta calidad. Todos sabemos que esto no es así,. Los objetos de los museos son representativos y, solo a veces, de calidad.
Por todo ello no son posible los museos de arte contemporáneo y ellos mismos suelen adoptar el término de Centros de Arte Contemporáneo. Pero esto nos lleva a otro punto ya muy lejos de Colmenares de Ojeda de su pila bautismal.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ABRIMOS EN VERANO

Capitel doble con decoración vegetal. Muro sur del presbiterio. Ermita de Santa Cecilia. Vallespinoso de Aguilar (Palencia).
Abrimos en verano, en Semana Santa, y, creo, en el período vacacional que corresponda, es un programa de apertura de monumentos que patrocina la Junta de Castilla y León en el territorio de su competencia. El programa se basa en el principio de que algún vecino del lugar asume la obligación de enseñar el monumento a cualesquiera visitantes que se puedan acercar por la población. De esta manera cada ermita, iglesia parroquial, convento abandonado y cualquier otro monumento de tierras castellano-leonesas tiene su portero, su guía, su cuidador, y su vigilante permanente.
La guardesa en el interior de la ermita de Sta Cecilia. Vallespinoso de Aguilar.
Para hacerse una idea ajustada el lector debe tener en cuenta de que hablamos de poblaciones con menos vecinos que los que hay en mi comunidad de la ciudad. Poblaciones como Vallespinoso de Aguilar cuya ermita de Santa Cecilia ilustra estas palabras, Respenda de Aguilar, Barrio de Santa María, Rebanal de las Llantas, Colmenares de Ojeda y otros muchos, son pueblos de la provincia de Palencia que he visitado este verano para buscar la obra artística en su entorno y en las que sus habitantes se cuentan con los dedos de muy pocas manos. Son tan pequeños que en muchos casos no hay bares, ni ningún servicio hostelero. La despoblación es el gran problema de muchas zonas rurales de España. La ausencia de servicios no facilita el acercamiento de visitantes. Parecería que el lugar está abandonado y que todo el mundo se ha olvidado de aquella maravillosa, pila bautismal que le cristianizó en el pueblo sus padres, de los capiteles que organizaron su primera historieta o del lugar donde se reunían con motivo de fiestas y conmemoraciones.
Sansón desquijarando al león. Ermita de Santa Cecilia. Vallespinoso de Aguilar (Palencia).
Sin embargo los monumentos están a disposición de todo el que los quiera visitar. En la puerta de la iglesia alguien estará esperando nuestra llegada, o tendremos noticias de un número de teléfono donde poder llamar para que nos abran. En todos los casos alguien se presenta en menos de cinco minutos aunque haya dejado la comida a medio hacer o posponga por una hora la partida que estaba jugando en casa de un vecino. A veces lo que no espera es la dirección de la persona encargada. En su casa dejará las tareas para atendernos. En otras ocasiones, preguntando por el encargado a algún paseante la llamada va recorriendo de boca en boca, por los pocos habitantes hasta llegar a algún lugar donde alguien coge una llave y atiende al viajero casi de inmediato. Siempre me han atendido con diligencia y entusiasmo. Yo quiero reconocerlo de forma pública en estas líneas.
Grifos afrointados. Ermita de Santa Cecilia. Vallespinoso de Aguilar (Palencia).
Una vez en la iglesia (este verano lo he dedicado a contemplar ejemplos del románico del norte de la provincia de Palencia casi siempre en ermitas e iglesias parroquiales) mis diligentes porteros se convierten en documentados guías. Quizás solo sepan de su monumento pero se lo saben casi todo. Aún recuerdo la descripción de los herrajes de la puerta de la Ermita de Santa Eulalia, en Barrio de Santa María. Embelesado con la descripción no tomé las notas necesarias pensando que la bibliografía me volvería a llevar al texto que sirvió de base a la explicación. No lo he encontrado por lo que volveré otra vez al lugar convenientemente equipado con una grabadora de audio. Algo parecido me pasó en Matalbaniega* donde la guardesa hacía comparaciones razonadas (la parte memorística ya la había abandonado) entre los canecillos de su ermita de San Martín y de otros de la zona de La Ojeda.
Las tres Marías ante el sepulcro de Cristo. Portada de la ermita de Santa Cecilia. Vallespinoso de Aguilar. Palencia.
Uno de los grandes alicientes es la posibilidad de hacer fotografías. En esta ocasión no olvidé llevar un trípode muy estable, por tanto grande, y con tranquilidad capté cuanto detalle se me antojó. No había más restricciones que las propias de la toma de vistas de objetos artísticos: las derivadas de la intensidad de la luz. En solo dos ocasiones encontré pinturas románicas que fotografiar. En la primera, en Barrio de Santa María la guardesa tenía siempre la puerta muy entornada para conseguir una iluminación mínima, lo justo para visualizar la decoración pictórica. Otros visitantes intentaron abrir las hojas de la entrada para hacer fotos sin flash, como ella recordaba la cada vez que entraba un viajero, pero fue una batalla siempre ganada para la conservación. En otro pueblo Matamorisca*, también con pinturas en las paredes, el hombre que nos acompañaba al ver que yo usaba trípode solo se ocupaba de las explicaciones. Pero en un momento dado presioné de forma inconsciente el botón que levanta el flash de la cámara. No sé si llegó antes el final del recorrido del flash o la palabra NO a mis oídos a la vez que el hombre se interponía entre la cámara y el fresco. Los guardeses sabían muy bien su trabajo
Exterior. Ermita de Santa Cecilia. Vallespinoso de Aguilar (Palencia).

Por todo ello y más que comentaré en las próximas entradas, mi reconocimiento y mis gracias. Ver el arte en los museos está muy bien, pero verlo en su entorno está mejor, mucho mejor, aunque a veces no se vea con el detalle que permite la proximidad y la iluminación exquisita. ¿O es que el fútbol se ve mejor en la tele que en el campo?
*Los nombres de Matajudios, Matalbaniega, Matamorisca hacen referencia a un lugar en alto o mota donde se dieron agrupaciones poblacionales de judíos, lebaniegos o moriscos.